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La
secretaria de Gobierno de Bogotá,
Clara López, habló con Semana.com
sobre sus planes para la seguridad de
la capital, en momentos en que llueven
críticas por la percepción
de que esta se ha deteriorado bajo el
nuevo gobierno.
El gobierno de Bogotá está
a punto de emitir un decreto que busca
controlar excesos en los sitios de rumba
en la ciudad.
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Clara
López, secretaria de Gobierno de
Bogotá (Foto Semana.com).
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La medida aparece después
de la muerte del joven periodista Juan Pablo
Arenas en la calle 85 con carrera 15, pleno
corazón de la rumba en el norte de Bogotá.
A propósito de estos últimos acontecimientos
en la seguridad de la capital, Semana.com habló
con la secretaria de Gobierno, Clara López.
Semana.com: ¿En qué
consisten las nuevas normas para la rumba?
Clara López: La primera es que los
bares, tabernas, discotecas y demás que
operan amparados en la personería jurídica
como club social y que tengan un impacto que
se sale del ámbito de lo privado, van
a recibir el mismo tratamiento que los bares,
tabernas y discotecas. Por ejemplo, en adelante,
deben cerrar a las 3 de la mañana.
Semana.com: ¿Por qué
hasta ahora se les hace cumplir esas reglas?
C.L: Porque, tradicionalmente,
los clubes sociales se han amparado en que son
entidades privadas y que están sustraídas
de las normas diseñadas para establecimientos
públicos. Por ejemplo, Mauricio Moreno,
de un club nocturno, dijo que la medida que
quiere tomar el alcalde Samuel Moreno es inconstitucional
porque la Corte Constitucional y el Consejo
de Estado se pronunciaron en los años
2000 y 2005 diciendo que los clubes son tan
privados como su propia casa y a usted en su
propia casa no le pueden decir que la cierre
a las 3 de la mañana.
Semana.com: O sea que si lo
demandan, el decreto se cae...
C.L: No. Siempre existe un riesgo juridico
y el Alcalde quiso asumirlo con base en un profundo
estudio jurídico de varias sentencias
y haciendo una interpretación que me
parece que va a pasar todos los filtros jurídicos:
si funciona como un bar, se parece a un bar,
trabaja como un bar, es un bar y no un club
social. Cuando un establecimiento está
abierto al público tiene que someterse
a las reglas y no escudarse en una formalidad
para sustraerse del cumplimiento de las reglas
generales, afectando la convivencia pacífica.
Semana.com: ¿Cuál
es la segunda medida?
C.L: Habitualmente, venía
ocurriendo que cuando un comandante de Policía
ordenaba el cierre de un establecimiento, y
el afectado, por derecho, interponía
una apelación y se pasaba un tiempo larguísimo
mientras se podía surtir la medida. Muchas
veces, cuando se daba visto bueno al cierre,
el establecimiento ya había cambiado
su personería jurídica. Ahora,
se establece en el decreto que primero se cierra
el establecimiento y proceden luego todos los
efectos del debido proceso de la segunda instancia.
Ese cierre temporal es de máximo siete
días.
Semana.com: La tercera...
C.L: Hay una indisciplina
de personas que son clientes de bares y tabernas
que optan por consumir licor en el espacio público.
Eso está prohibido. También la
gente no respeta los horarios de recolección
de las basuras. Usted pasa por la zona rosa
y puede ver que pasa el camión de la
basura, queda limpia la calle y a la media hora
ya está llena de bolsitas negras de basura.
A todas esas personas les vamos a poner coto
con comparendos pedagógicos y con citación
a un curso de reglas y normas de convivencia.
Si reinciden, entonces les vamos a aplicar hasta
medidas de trabajo obligatorio en obras de interés
común, ecológico o humanitario.
Semana.com: Y la última...
C.L: Reducir el horario de venta de licor
para llevar en cigarrerías, tiendas,
licoreras y supermercados.
Semana.com: La gente cree que
las nuevas medidas son una reacción para
evitar que se vuelva a repetir una muerte sinsentido
como ladel periodista Juan Pablo Arenas, pero
se encuentra con medidas de convivencia. ¿Y
la seguridad qué?
C.L: En el plan de desarrollo
tenemos un programa de intervención integral
en las 31 zonas más críticas en
violencia y seguridad. Esas zonas abarcan el
10 por ciento del territorio del Distrito y
en ellas se cometen más o menos el 38
por ciento de delitos de alto impacto social,
como homicidio, hurto o lesiones personales.
Semana.com: ¿El sitio
donde murió Juan Pablo es una de esas
zonas?
C.L: Sí.
Semana.com: ¿Qué
han hecho allá?
C.L: La zona rosa cuenta con un CAI móvil
con 8 policías por turno desde hace por
lo menos seis meses. Eso lo establecimos frente
a la situación de incivilidad que se
estaba presentando en el espacio público.
A ese CAI móvil le vamos a meter la comisaría
de familia. Tuvimos un refuerzo del pie de fuerza
para la localidad de Chapinero. Antes había
250 policías y ya llegaron 120 más.
Se han visitado 265 establecimientos de rumba
en la localidad para inspeccionar el cumplimiento
de las normas. Hemos hecho un esfuerzo muy grande.
Semana.com: ¿Y qué
resultados hay?
C.L: En un sitio de esos no se capturan
de la noche a la mañana a las personas.
Es un proceso largo y estamos trabajando en
eso.
Semana.com: ¿Cuál
fue el criterio para seleccionar las 31 zonas
de intervención?
C.L: No las escogimos a dedo. Esto viene
de una investigación amplia, georreferenciación
de delitos y estudio de la Universidad Nacional.
Todo ese proceso se hizo a finales de 2007 y
comienzos de 2008. Con base en esa información,
diseñamos las intervenciones en el segundo
semestre del año pasado.
Semana.com: ¿En qué
consiste esa intervención integral que
se está haciendo en las 31 zonas críticas?
C.L: Es una intervención integral
de aplicación gradual y progresiva que
comprende mayor control policial, mayor concentración
de trabajo en inteligencia, un esfuerzo muy
grande de integración de corresponsabilidad
público-privada y participación
ciudadana. Es un trabajo que compromete a todas
las dependencias de la Administración.
Ya lo habíamos iniciado en algunos sitios
de Suba, Usaquén, Kennedy, Chapinero
y Los Mártires.
Semana.com: ¿Y en la
zona rosa?
C.L: Veníamos trabajando en la parte
policial, pero teníamos planeado iniciar
nuevas intervenciones en el segundo semestre
de este año. En reacción a la
conmoción social que se ha generado por
la muerte de Juan Pablo, la anticipamos y vamos
a emitir el decreto.
Semana.com: Si la adelantaron
para la zona rosa, quiere decir que se puede
acelerar en los demás sectores también...
C.L: No puedo extenderme a las 31 zonas.
Es muy complejo. El plan es muy ambicioso porque
es un territorio de todas maneras amplio.
Semana.com: ¿Hay lentitud
en la implementación de medidas que mejoren
la seguridad?
C.L: No. Es que todo esto
lleva investigación, concreción
de documentos, proceso de planeación
e implementación. De este programa no
venían procesos andando. Este es un programa
nuevo. Venían otros programas. Los procesos
de licitación, de contratación
llevan tiempo. A la gente hay que capacitarla,
hay que socializar mucho y trabajar en la articulación.
Por ejemplo, nosotros ya sabemos cuáles
huecos se van a tapar en todas las zonas críticas
que estamos interviniendo. Ya sabemos cuáles
son los bombillos que hay que cambiar. En todas
las zonas están arrancando los procesos
con unas matrices bien estructuradas.
Semana.com: Pero mientras tanto
hay sitios por donde no se puede ni siquiera
pasar porque uno corre un riesgo grandísimo
C.L: Dígame cuáles y si no
están entre las 31 zonas críticas,
vemos a ver qué hacemos.
Semana.com: Es que desde hace
mucho rato se sabe cuáles son los sitios
inseguros de Bogotá...
C.L: Esas 31 zonas críticas
fueron priorizadas el primer semestre del año
pasado.
Semana.com: ¿O sea que
usted está arrancando desde cero con
la política de seguridad y convivencia?
C.L: No. La política
de seguridad y convivencia es una construcción
colectiva. Jaime Castro dio base financiera
al Fondo de Seguridad y Vigilancia. Antanas
Mockus: cultura ciudadana. Enrique Peñalosa:
la vida sagrada, el desarme. Luis Eduardo Garzón:
el englobe de una inversión social para
enmarcar la sostenibilidad de una política
de convivencia y seguridad. Y nosotros, que
lo hemos asumido todo para incorporarlo todo
en un proceso que pasó de considerar
la seguridad ciudadana como un bien público
a un "derecho síntesis", que
comprende todos estos elementos que le acabo
de enumerar, que tiene una proyección
individual y otra colectiva. Nosotros no nos
inventamos esto. El 99 por ciento, viene de
atrás.
Semana.com: Y no es hora ya
de que la gente empiece a percibir más
seguridad si lleva tanto tiempo
C.L: UN Hábitat
hizo una reunión en Monterrey en el año
2007. En un informe dice que "el crimen
y la violencia no son al azar. Como tales, pueden
ser estudiados para poderse dirigir uno a los
factores causales subyacentes a través
de medidas directas para confrontarlos. Por
ejemplo, algunas ciudades ya son conocidas como
seguras, mientras otras han cultivado las culturas
del miedo, frecuentemente, con un rol preponderante
desarrollado por los medios de comunicación".
Semana.com: ¿Entonces
la culpa de la percepción de inseguridad
es de los medios?
C.L: No estoy acusando
a los medios, pero sí son una caja de
resonancia. En el fondo lo que tenemos es una
generación de una cultura del miedo que
perjudica la democracia. No hay nada que incentive
más a la gente a renunciar a sus derechos
y sus libertades que el miedo.
Semana.com: Pero hay realidades...
C.L: La realidad es que
un homicidio como el de Juan Pablo usted no
puede evitarlo. Militarizar la ciudad no es
suficiente para evitar un homicidio. No hay
riesgo cero para una ciudad de siete millones
de habitantes con la complejidad de cualquier
centro urbano del mundo. Y le puedo decir, mañana
puede pasar otro. Es que evitar el ciento por
ciento de los homicidios de la gente de bien
es imposible.
Semana.com: Le han llovido
críticas últimamente.
C.L: La crítica
hay que escucharla, pero también hay
que escuchar la razonable. Decir que la administración
no ha hecho nada o que la inseguridad se disparó
en Bogotá, sencillamente no es cierto.
Bogotá sigue siendo la ciudad más
segura de las grandes ciudades de Colombia,
la segunda o tercera más segura del continente
y mire los comparativos de estadísticas.
Bogotá no está tocando fondo en
seguridad, como tratan de decir, que hay un
caos.
Semana.com: ¿Cómo
pueden ayudar las medidas recién tomadas
a la seguridad de Bogotá?
C.L: Yo no sé por
qué separan la seguridad de la convivencia.
A mí me parece que es muy sana la definición
que hace la constitución política
de las fuerzas de policía, que son fuerzas
de prevención para la convivencia y para
la garantía de las libertades públicas.
Ante un decaimiento generalizado de la convivencia,
como el que se vive en las zonas críticas,
la sociedad no marcha.
Semana.com: ¿Y las medidas
para qué sirven?
C.L: Si nosotros logramos
disciplinar a los jóvenes de la 85 que
no beban en el espacio público, vamos
a solucionar muchísimo el tema del expendio,
porque entre toda esa gente deambulando, tomando
trago, se mimetizan los que andan repartiendo
droga. Si logramos que se autodisciplinen los
de los restaurantes y los comercios a sacar
la basura en los horarios y no a cualquier hora,
los expendedores ya no van a tener dónde
esconder la droga, porque generalmente la camuflan
entre la basura y el reciclador no va a tener
argumento para estar justificando su presencia
en el sector.
Semana.com: Pero también
hay que meterle un poquito de fuerza a la seguridad...
C.L: Lo que pasa es que
a mí me ven blandengue. Yo el otro día
me vi obligada a decir que nosotros no tenemos
una política de seguridad bobalicona.
La gente confunde que uno se oponga a una represión
de la protesta política y social a que
uno se oponga a la represión del delito.
Yo de lo que no soy amiga es de la represión
de la protesta social pacífica, pero,
al bandido, cero concesiones.
Semana.com, jueves 8 de enero
de 2009.