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POR CAROLINA GUTIÉRREZ
TORRES
Entrevista
con Clara López, secretaria de Gobierno,
quien habla sobre la propuesta de la concejal
Gilma Jiménez de imponer cadena perpetua
a los violadores de menores. Además,
deja al descubierto las diferencias que mantiene
con la Policía y el Concejo.
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Sin dudarlo un segundo la secretaria
de Gobierno de Bogotá, Clara López
Obregón, asegura que lo "feo" de
este año fueron las chuzadas que ordenó
la Fiscalía a sus correos y líneas
telefónicas. Dice que las posiciones de izquierda,
como la suya, todavía son perseguidas en
este país por algunos sectores oficiales.
"Toda expresión de inconformidad, todo
lo que toque a los poderes vigentes, se interpreta
como un atentado contra la institucionalidad".
Habla sobre su relación con
el general Rodolfo Palomino, comandante de la Policía
Metropolitana, y confiesa que en un principio hubo
prevención de parte y parte por el choque
de ideologías. Sus relaciones con el ministro
Juan Manuel Santos y el Concejo también son
tema de este diálogo. En entrevista con El
Espectador, Clara López hace un balance
del primer año de gobierno del alcalde Samuel
Moreno Rojas.
¿Qué fue lo bueno, lo
malo y lo feo del 2008?
Lo bueno lo representó el paso
de la minga por Bogotá. Llegó con
15 mil indígenas que marcharon desde el Cauca
hasta la capital y aquí recibieron del gobierno
distrital una acogida compartida por toda la ciudadanía.
Esa es tal vez la cúspide de toda una política
de respeto por los derechos civiles y políticos,
de respeto por la protesta ciudadana cuando se realiza
de forma pacífica y organizada. Este año
hemos tenido 425 marchas que han movilizado a más
de tres millones de personas.
¿Y lo malo?
Sin duda, que haya tocado a Bogotá
la crisis de los falsos positivos. La desaparición
forzada con fines de homicidio de los jóvenes
de Soacha, Ciudad Bolívar, Engativá
y Bosa.
Lo feo
Las chuzadas de los correos electrónicos
y de las líneas mías y de un grupo
importante de dirigentes sociales y políticos,
muchos de ellos pertenecientes al Polo Democrático.
¿Qué consecuencias le
trajo hacer denunciar los falsos positivos?
Fueron dos etapas. En la primera se
me iba cayendo el techo encima con una lluvia de
críticas. Incluso hubo tres concejales que
pidieron mi renuncia en medio de un debate (luego,
esas mismas personas expresaron públicamente
que no había sido una ligereza ni una irresponsabilidad
haber caracterizado esos crímenes como falsos
positivos). La segunda etapa, después de
que el Presidente de la República ordenó
el retiro de 27 oficiales, fue de reconocimiento
de que es importante ser franco, de que la franqueza
es un valor importante en el ejercicio de un cargo
público y de que actué con responsabilidad
y con conocimiento de causa.
Hasta ahora las madres y familiares
de los desaparecidos no han recibido ninguna respuesta
de los organismos de investigación.¿Cree
que hay un abandono estatal?
Es un caso muy delicado y de muchas
repercusiones nacionales e internacionales. Creo
que la justicia está haciendo su tarea. Confío
en que no va a haber impunidad.
Ahora volvamos a las chuzadas. ¿Qué
estaba buscando la Fiscalía en sus correos
y sus llamadas?
Hay sectores de nuestras autoridades
que no han superado la confrontación de la
guerra fría y el macartismo, y que interpretan
toda actitud contestataria, toda expresión
de inconformidad, todo lo que toque a los poderes
vigentes, no como una actitud de ejercicio de la
democracia sino como un atentado contra la institucionalidad.
Creo que ese sector es minoritario y es el culpable
de buena parte de lo malo que está pasando
en el país. Esa filosofía todavía
permea a algunos sectores de los organismos de inteligencia,
de las propias autoridades oficiales. ¿Qué
estarían buscando? Que haya hecho algo malo.
No van a encontrar nada.
¿Cómo están las
relaciones de la alcaldía con la Policía?
No era un secreto que tenían sus diferencias.
Siempre he pensado que el uso de la
fuerza es el último recurso y que cualquier
conflicto merece un tiempo de concertación.
Confieso que en un principio estaba prevenida pero
con el tiempo hemos desarrollado unas excelentes
relaciones de mutuo respeto, aunque todavía
tenemos nuestras diferencias,
¿Cuáles?
Diferencias políticas. No es
fácil porque desde el gobierno nacional hay
una posición distinta. Uno ve al general
Palomino con una pierna en una canoa y la otra en
otra canoa, y a veces esas embarcaciones tratan
de separarse y él tiene que hacer la fuerza
para unirlas.
¿Y cómo están
las relaciones con el ministro Juan Manuel Santos?
En la brega del diario. La política
de seguridad ciudadana es responsabilidad del alcalde
con todos sus costos y beneficios. Creo que el señor
Ministro aceptó eso y además se dio
cuenta de que esa política no es incompatible
con los proyectos nacionales de la seguridad democrática.
Las incomprensiones fueron cediendo ante la aceptación
de que cada cual tiene su papel.
Otro hecho memorable de este año
fue la denuncia sobre la presencia de jóvenes
encapuchados en las universidades. ¿Está
de acuerdo con la posición del rector Carlos
Ossa de defender la protesta de los encapuchados?
Yo soy partidaria, y lo he sostenido
siempre, de que uno debe dar la cara, aunque soy
consciente de que el tema de las chuzadas le dio
crédito a la preocupación y el miedo
de los estudiantes contestatarios a mostrar su cara.
Nosotros, el gobierno de la ciudad, queremos dar
garantías para la expresión democrática
de todos los puntos de vista, pero pienso que usar
una capucha es una manera de expresar la inconformidad
con esas garantías, que nosotros todavía
no hemos hecho suficientemente fuertes para que
ellos sientan que pueden descubrirse el rostro.
Lo que defiende el doctor Ossa, y en eso coincido
con él, es el hecho de que todavía
en nuestra ciudad y en nuestro país persista
la criminalización de la protesta y de la
lucha social.
¿Cómo está la
relación con el Concejo?
Tenemos diferencias y creo que las
hemos resuelto con respeto. Pasamos de una situación
de confrontación a una mejor colaboración
y entendimiento.
¿Qué opina de la propuesta
de la concejala Gilma Jiménez de imponer
cadena perpetua a los violadores de niños?
Yo no soy partidaria de una reforma
constitucional que permita la prisión perpetua
para nadie, por muchas razones. Primero, porque
yo creo en la capacidad de regeneración del
ser humano. Segundo, porque nosotros no tenemos
un sistema de justicia capaz de imponer penas tan
definitivas sin equivocarse.
El primer año de gobierno de
Samuel Moreno estuvo plagado de críticas
sobre todo en el tema de la seguridad. ¿Cree
que había algún interés especial
detrás de la avalancha de cuestionamientos
sobre su papel como primera autoridad del Distrito?
Sin duda se dieron cita muchos sectores
que tenían el objetivo de que el gobierno
de izquierda en Bogotá cediera. Nosotros
tenemos un proyecto de ciudad que se finca en la
realización y la restitución de los
derechos. Creo que eso se lo están cobrando
a Samuel Moreno, esa vía que llama a profundos
cambios sociales y estructurales.
Finalmente, se ha rumorado con su
salida de la Secretaría de Gobierno, ¿lo
está pensando?
No lo estoy pensado, pero quien tiene
la palabra en estas materias es del alcalde mayor
de Bogotá y yo estaría presta a atender
lo que él decida.
El Espectador, Bogotá, 31 de
diciembre de 2008.