POR FERNANDO ARELLANO ORTIZ
Tres
sectores contestatarios de la izquierda de Argentina
tomaron la decisión de unirse en un Frente
con el propósito de asumir el reto de enfrentar
las elecciones tanto presidenciales como parlamentarias
previstas para el próximo mes de octubre.
En efecto, el Partido Obrero (PO), el Partido de
los Trabajadores Socialistas (PST) e Izquierda Socialista
lograron un acuerdo que les permite generar una
conjunción de fuerzas de la izquierda que
proclama el entierro definitivo del modelo neoliberal
del cual en el país austral aún quedan
rezagos.
El líder histórico y
máximo referente del Partido Obrero, Jorge
Altamira, fue escogido como el candidato presidencial
del Frente de Izquierda. Hace algunos meses POLO
dialogó con él en Buenos Aires sobre
la crisis del capitalismo.
En concepto de Altamira, la oportunidad
que brinda la bancarrota del capital obliga a los
sectores sociales y políticos progresistas
y de izquierda "a sacudir la rutina y a plantear
las viejas necesidades en una nueva perspectiva,
o sea a desarrollar nuevas propuestas y buscar nuevas
posibilidades".
Agrega que el sustento político
es fundamental cuando de discutir el modelo económico
se trata, y por ello considera que el desafío
en países como los de América Latina
está en avanzar en forma sustancial en la
consolidación de un proyecto en que el sujeto
político sea el protagonista.
La política define, entonces,
hacia cuál clase social está dirigido
el modelo económico y cuál es su proyección
histórica, explica.
En las actuales circunstancias de
la realidad socioeconómica del mundo, este
caracterizado dirigente de la izquierda argentina
considera pertinente plantear "el desarrollo
de una coalición anticapitalista" con
el propósito de ambientar e impulsar "la
conciencia del cambio de las condiciones de la lucha
que posibilite el derrumbe del capitalismo".
José Saúl Wermus, más
conocido por su nombre de combate, Jorge Altamira,
fundador y máximo dirigente del Partido Obrero,
se caracteriza por ser un agudo analista de los
fenómenos económicos mundiales. Ha
sido varias veces candidato presidencial de Argentina
y se ha desempeñado como diputado nacional.
Es asiduo conferencista invitado de varias universidades
latinoamericanas y de foros sobre economía.
Desde temprana edad participó
en huelgas obreras y su activismo político
lo llevó a luchar desde la clandestinidad
contra tres dictaduras en su país: la que
encabezó Eduardo Lonardi en contra de Juan
Domingo Perón en 1955, conocida con el nombre
de Revolución Libertadora; la de Onganía-Lanusse
en 1966; y la que lideró Jorge Rafael Videla
en 1976, la cual se prolongó hasta1983.
En el año1964 Altamira fundó
la revista Política Obrera, que luego se
convertiría en la agrupación del mismo
nombre y posteriormente tomaría en 1982 el
nombre de Partido Obrero. En el año 2000
fue electo Legislador de la Ciudad de Buenos Aires,
cargo que desempeñó hasta el año
2004. Tuvo la iniciativa de varias leyes en favor
de la clase obrera: entre otras, la que estableció
la jornada de seis horas para los trabajadores del
transporte subterráneo (metro), las referidas
a la expropiación de varias fábricas
recuperadas y una ley de salud ante el colapso de
la economía argentina de 2001.
PERIODO DE TRANSCICIÓN DEL
CAPITALISMO
Departiendo con Altamira una aromática
bebida en uno de los acogedores cafés de
Buenos Aires, se desarrolló la siguiente
entrevista:
- ¿El sistema capitalista
está agotado?
- La mayoría de los observadores
considera que esta crisis es sistémica. Pero
con esto quieren decir algo muy limitado. Quieren
decir que afecta a casi todo el mundo. Esta que
es una crisis histórica, no se refiere solo
al ámbito geográfico, que tiene su
amplitud, sino a que por primera vez en mucho tiempo
se discute la viabilidad del capitalismo. Y esto
se manifiesta desde la discusión política
en los parlamentos y en los medios de comunicación,
hasta la discusión un poco más concreta
en aquellas empresas que cierran o que tienen dificultades
económicas y que muchos países están
llevando, concretamente en Argentina, a ocupaciones
de empresas y a que asuman la gestión de
las mismas los trabajadores. Quiere decir que de
un modo concreto se plantea ese cuestionamiento
del capitalismo. Para ser sintético, yo creo
que entramos en un periodo de transición,
donde en forma creciente, los sectores populares
van a discutir la viabilidad del capitalismo.
- ¿Qué elementos
destacaría de la crisis sistémica
del capitalismo?
- El capitalismo se agotó como
sistema no solo ahora, sino en el tiempo. Esto se
manifiesta simplemente en dos datos elementales:
el hecho de que la actividad especulativa llegara
a ocupar una proporción tan importante de
la riqueza general, era de poner fin a un régimen
que se ha agotado en su capacidad de desarrollar
las fuerzas productivas; el otro aspecto, en el
plano político, es el incremento de la guerra.
Probablemente nunca lograría tener tantas
guerras en forma simultánea como en la actualidad.
Genocidio de pueblos enteros. El sistema político
refleja esta conclusión. Naturalmente, como
el capitalismo tiene una capacidad de asimilación
de aprendizaje de 400 años de existencia,
desarrolla recursos de sobrevivencia, pero los límites
de esos recursos son cada vez más manifiestos.
- ¿Cuál sería
una salida anticapitalista al despuntar el siglo
XXI?
- Cuando yo le digo que estamos en
un periodo de transición quiero decir con
eso que es un periodo en el que esas salidas anticapitalistas
se van a elaborar. Ahora, el 40% del sistema bancario
argentino no está apoyando la actividad productiva.
Se han convertido los depósitos en liquidez.
El gobierno nacional ha sustituido el sistema bancario
mediante los recursos del sistema de la seguridad
social. Es decir, que nos pasa una crisis del sistema
de la seguridad social, por que se están
usando sus fondos para rescatar empresas que están
demostrando incapacidad de sobrevivir. Cada vez,
más claramente, en la Argentina se van a
plantear dos problemas; que no hay que rescatar
empresas en crisis y que hay que nacionalizar el
sistema bancario, por que el sistema bancario se
ha colocado al margen de la crisis y está
operando sobre una base puramente especulativa comprando
títulos de la deuda pública, financiando
la salida de capitales. Todos estos elementos, en
algún momento que creo que va a ser a corto
plazo, conducirán a un factor de disolución
social. El aumento de la desocupación y de
la pobreza van a provocar resistencias populares,
y éstas a su vez, van a generar una agenda
para el debate, que necesariamente va a ser anticapitalista.
Ya ocurrió durante la crisis del 2001, ahora
se presenta mucho más manifiesto porque la
crisis es mundial.
- ¿Cómo analiza usted
algunos procesos de volver a nacionalizar de empresas
públicas, como en el caso de Argentina? ¿Esto
corresponde a una respuesta a la crisis del neoliberalismo?
- Acá lo que importa es la
intencionalidad. Porque el gobierno muy tardíamente
en su gestión tomó este tipo de medidas.
Y lo hizo, no en función de un plan de desarrollo
nacional, sino por la presión de una quiebra
económica. Es decir que, invierte los recursos
del Estado en el rescate de empresas en crisis.
Es muy diferente a una nacionalización, entendida
como una apropiación de recursos para desarrollar
un plan de desarrollo metodológico. Acá,
en realidad, se bloquea ese crecimiento económico,
porque los recursos del Estado van a fondo perdido.
Difícilmente esas empresas van a devolver
el dinero. Le agrego un dato: el gobierno adelantó
las elecciones legislativas precisamente porque
preveía lo que le estoy señalando,
una sucesión de quiebras, entonces llamó
a la gente a votar antes de que lleguemos al pico
de la crisis. Pasadas las elecciones de junio ya
no tiene el problema del escrutinio popular, a la
hora de tener que tomar medidas antipopulares porque
no se vuelve a votar sino hasta el 2011.
- ¿Desde el punto de vista
político, usted considera que en América
Latina se hace necesaria la reconfiguración
de un nuevo sujeto político?
- En América Latina se ha producido
un avance considerable con la aparición de
sujetos políticos que en el pasado no tenían
este nivel de expresividad. Me refiero, por ejemplo,
al movimiento indigenista en Ecuador, en Bolivia,
e incluso, los movimientos campesinos en Brasil
y algunos movimientos campesinos en el norte de
Argentina. El problema es que sobre la base de esos
movimientos se ha encumbrado una suerte de burocracia
indigenista, que yo llamaría pequeño
burguesa, que procura enganchar estos movimientos
en un marco capitalista. El teórico de este
desarrollo es el vicepresidente de Bolivia, García
Linera, que cuando era opositor jugó con
la idea de un socialismo indígena o andino,
y una vez que llegó al gobierno decidió
reformularlo y hablar de un capitalismo absurdo,
que entiende como una alianza entre el capital internacional,
el Estado y las formas primitivas de economía
campesina. Está claro que acá la batuta
la va a tener el capital internacional, en primer
lugar, obviamente, frente a la economía campesina,
e incluso frente al propio Estado, porque García
Linera fantaseó con el incremento de recursos
fiscales que se produjo entre 2003 y 2008 cuando
hubo esas curvas ascendentes del precio del petróleo,
de las materias primas, que proveyeron de muchos
recursos fiscales a todos los gobiernos de América
Latina, inclusive al de Colombia que no tiene nada
de indigenista. El tema es que ahora con la crisis
mundial queda al desnudo que estos dirigentes no
tienen la capacidad de impulsar un proceso consecuente.
Lo mejor que podría ocurrir es que la clase
obrera pudiera ganarlos como aliados. Algo que no
esta ocurriendo, en primer lugar debido a una actitud
sectaria de los representantes de la clase obrera
en los países andinos, respecto del movimiento
indigenista, al que han recusado y ahora eso se
ha transmutado en las cooptaciones de las centrales
obreras por parte de los gobiernos indigenistas.
- Usted señala que en América
Latina, incluida Cuba, no se ha logrado estructurar
una clase obrera. ¿Por qué?
- En primer lugar quiero subrayar
que no se ha logrado porque la clase obrera no es
solamente el personal asalariado de la gran producción
capitalista, sino que se constituye cuando adopta
una estructura política propia, por lo tanto
puede transmitirle a la sociedad su propio horizonte
histórico. El chavismo, que en cosas muy
significativas, adoptó medidas radicales
en Venezuela, ha seguido desde el comienzo, desde
el primer momento una actitud de hostilidad frente
a la independencia de la clase obrera. Y eso se
ha manifestado ya directamente en el lenguaje, porque
se le reprocha a los obreros que pelean en forma
independiente el espíritu corporativo. Porque
Lenin había explicado que el nacionalismo,
incluso el más atrevido de los países
semicoloniales o atrasados, sabe que la clase obrera
es su adversario. Además, son dos visiones
de cómo encarar la independencia nacional.
El marco capitalista procura extender el ámbito
de explotación del capitalismo nacional a
expensas del capitalismo extranjero, pero también
reforzando la explotación de la clase obrera.
En cambio, los obreros conciben la independencia
nacional como un tránsito hacia la emancipación
social. En el caso de Cuba, el fenómeno es
más complejo porque es el fenómeno
revolucionario más radical que conoció
América Latina. Lo que ocurrió con
Cuba es que la clase obrera se adhirió completamente
al ideario castrista. Llegó a ver en ese
ideario su propio interés. Y el movimiento
castrista en ningún momento permitió
que el proletariado cubano se estructurara en forma
política. Desde el comienzo ejerció
una fuerte regimentación sobre los sindicatos
del Partido Comunista, que no es un partido que
opere como expresión política de la
clase obrera de Cuba. Es un mecanismo del gobierno,
del Estado, en su relación con los trabajadores.
- ¿Cuál es su percepción
del proceso político de la clase obrera industrial
de Brasil?
- Lamentablemente, en estos últimos
años ha quedado al margen, pero la clase
obrera industrial de Brasil es clave en América
Latina. Aunque vivió una intensa experiencia
de independencia política fue completamente
canalizada por el Partido de los Trabajadores y
por Lula. Y con el acceso de Lula al gobierno, el
Partido de los Trabajadores ha utilizado todos los
medios para neutralizar a la clase obrera. Una cosa
muy significativa y es que la clase obrera brasileña
no protagonizó, con el gobierno de Lula,
ni el uno por ciento de su actividad política
y sindical que había tenido en el periodo
de oposición a los gobiernos neoliberales.
Y en la creación de nuevos sujetos políticos
proletarios, el papel de la clase obrera brasileña
es fundamental.
- ¿Qué rol está
cumpliendo el sector obrero o de los trabajadores
en el proceso social de América Latina?
- Yo veo tres grandes componentes:
en primer lugar a los obreros de la industria pesada
de Venezuela, que están luchando para estructurarse
en forma independiente y tienen roces cada vez más
profundos con el chavismo; en segundo lugar, a la
clase obrera industrial argentina que en los últimos
años se ha desarrollado mucho en le plano
de independencia de clases; y finalmente, al proletariado
brasilero. Desde el punto de vista continental creo
que van a ser el eje que liderarán al movimiento
popular cuando se haga mucho más evidente
que la crisis capitalista no es episódica,
si no que va a ser una larga etapa en el desarrollo
moderno del capitalismo.
- ¿Cuáles cree que
deberían ser los elementos característicos
de un nuevo modelo económico para América
Latina?
- Ocurre lo siguiente, nosotros no ponemos énfasis
en el modelo económico, ponemos énfasis
en el modelo político. Por que en nuestra
opinión si gobiernan los trabajadores en
alianza con los campesinos, ellos van a modelar
una salida económica. Y normalmente cuando
se discute el modelo económico, sin esta
consideración política, se están
buscando alternativas a los planes que están
fracasando en estos momentos. Y van a seguir fracasando,
incluso los planes alternativos, porque el problema
es en función de qué clase social
y de qué perspectiva histórica. En
el caso argentino, la centroizquierda propone un
modelo de medidas de intervención estatal
para desarrollar tal aspecto de la industria, o
del agro. ¿Cuál es el defecto de ese
modelo? Es que ignora la crisis capitalista. Ignora
que sobre la base del capitalismo, no se abre ahora
un periodo de desarrollo, sino un periodo de bancarrota.
Y siguen operando con modelos como si la crisis
del capitalismo no estuviera, y hacen abstracción
de esta contradicción fenomenal que se ha
producido. Entonces, omiten primero la naturaleza
de ésta época histórica y a
los sujetos políticos sociales, montan una
creación tecnocrática, con mayor o
menor ambición redistributiva, pero nada
más. El problema es el sujeto político.
- ¿Qué impacto tienen
en los procesos de emancipación de varios
países latinoamericanos que se están
dando o están latentes la movilización
social y la lucha pacifica de masas?
- Eso tiene vigencia y uno lo observa
luego en los grandes levantamientos de Bolivia,
Venezuela, Argentina. Ese fenómeno ya es
un hecho. El problema es darle un enfoque político.
En realidad no hay que empujar al trabajador a luchar,
eso ya es un dato que ha sido creado por la historia
de nuestros pueblos. Porque América Latina
tiene una historia de combates y eso está
en la conciencia popular, en la conciencia nacional
de cada país. Y además por que lo
incentiva la gente capitalista. El problema es político
porque un amplio sector de la izquierda, tomando
y manipulando el fracaso de la Unión Soviética,
le dice a las masas que la perspectiva socialista
está excluida, porque habría sido
derrotado en la Unión Soviética. Naturalmente
eso supone que en la Unión Soviética
había socialismo. Y además, es curioso,
porque estos sectores que dicen, bueno a partir
de esta política no hay alternativas socialistas
son los que tienden a presentar modelos económicos
alternativos. Y que los modelos económicos
alternativos son semiestatizantes; la Unión
Soviética era completamente estatizante.
En realidad el modelo económico alternativo
depende del modelo político porque las estatizaciones
de la economía no pueden ser predeterminadas.
Es un largo periodo de transición histórica
en donde se da la capacidad de absorber la esfera
privada por la pública, no a fuerza de decretos,
ni imposiciones desde arriba, sino del propio desarrollo
histórico, que es lo que de alguna manera
el estalinismo violó. En un determinado momento
el estalinismo dijo, para asentar sólidamente
mi dominación tengo que tener hasta el control
de los almacenes. Y eso no es un modelo económico,
sino que es una perversión. En realidad,
el problema es político del gobierno y los
trabajadores, y luego se abre un periodo de transición,
de contradicción, entre lo público
y lo privado, entre las ambiciones de las clases
que vienen para delante y lo que sobra del periodo
precedente y eso va a modelar el proceso económico.