POR JOSÉ ABELARDO DÍAZ.
Hace
un año, el periódico Periferia publicó
la que sería la última entrevista
periodística que concedió el maestro
Raúl Alameda Ospina, secretario perpetuo
de la Academia Colombiana de Ciencias Económicas,
quien falleció el pasado 30 de abril en Bogotá
a la edad de 86 años.
Alameda Ospina, un destacado economista
de la Universidad Naciona l, fue un declarado militante
de la izquierda colombiana , que durante su trayectoria
académica contribuyó al proceso dialéctico
social escribiendo análisis e impartiendo
conferencias sobre la realidad nacional e internacional,
en diferentes escenarios de la vida pública.
Fue miembro de la Academia Colombiana
de Historia, secretario perpetuo de la Academia
Colombiana de Ciencias Económicas, catedrático
y agudo analista socioeconómico.
Autor de diversos libros sobre temas
de historia económica, desarrollo, crecimiento
y macroeconomía en América Latina
y el problema agrario en Colombia.
El texto de la entrevista a cargo
del periodista José Abelardo Díaz
es el siguiente:
En el marco de la celebración
del bicentenario de la Independencia, conversamos
con Raúl Alameda Ospina, secretario perpetuo
de la Academia Colombiana de Ciencias Económicas
y estudioso del problema agrario en Colombia. Con
ochenta y cinco años de edad, Raúl
es un declarado militante de la izquierda colombiana,
que continúa contribuyendo a la causa de
la revolución social escribiendo análisis
e impartiendo conferencias sobre la realidad nacional
e internacional, en diferentes escenarios de la
vida pública. En esta oportunidad, el tema
conversado con el profesor fue el histórico
problema de la tierra en Colombia.
¿De qué forma se
expresó el problema de la tierra en la Colonia?
La tierra ha sido por decenas de miles
de años el principal medio de producción.
A partir de finales del siglo XVIII, la industria
basada en la maquinofactura reemplaza en parte esta
importancia fundamental. Pero no sólo es
eso. La tierra está indisolublemente ligada
a la especie humana en sus distintas fases de evolución.
Ha sido la base de la recolección (caza,
pesca, frutos), de la agricultura, de la ganadería
y fuente principal de la alimentación, de
las materias primas industriales y de la farmacología,
pero, sobre todo, el ámbito en el que se
desarrolla la sociedad humana y la vida en general.
En la Colonia se origina el problema
de la tierra. Los conquistadores expropiaron violenta
y masivamente a los indígenas, los esclavizaron,
los convirtieron en sujetos de tributo en la Encomienda
y los servilizaron a través de la hacienda
neogranadina. Fueron tres siglos de estructuración
de un orden señorial latifundista, mezclado
con esclavitud minera y monopolio comercial metropolitano.
El orden tribal comunitario autónomo,
las culturas milenarias existentes antes de la invasión
española, fueron brutalmente destruidos y
la tierra convertida en medio de acumulación
de riqueza y de poder para la minoría y de
explotación y miseria para la mayoría.
¿La Independencia resolvió
ese problema?
No. Por el contrario, lo agravó.
La independencia de España no fue una revolución
social, burguesa, como la de Francia. Internamente
representó una coyuntura de ensanche del
latifundio. Las grandes propiedades de los españoles
pasaron a los criollos. Igual cosa sucedió
con los baldíos que, en no menos de tres
millones de hectáreas, entraron a fortalecer
los viejos latifundistas y a crear nuevos terratenientes.
Con la Ley de Bienes de Manos Muertas de mediados
del siglo XIX, las inmensas propiedades de la iglesia
no regresaron a los indígenas ni fueron repartidas
entre los campesinos sin tierra, pequeños
y medianos. Fueron a parar al viejo señorío
colonial o al nuevo de los patriotas.
¿De qué forma se
expresa el problema de la tierra hoy?
En una mayor, exagerada y absurda
concentración de la tierra, producto a más
de lo anterior, de la utilización latifundista
de las guerras civiles del siglo antepasado, de
la violencia desatada y mantenida desde l948, de
la economía del narcotráfico y de
la operación asesina del paramilitarismo.
Hoy el problema de la tierra es mayor que en ninguna
otra época. Tres millones de campesinos:
peones, terrazgueros, arrendatarios, obreros agroindustriales
carecen de tierra, mientras cuatro millones y medio
de campesinos llamados "desplazados" han
sido expulsados de sus fincas, convertidas en macrofundios
dedicados a la siembra de la palma africana, el
caucho, la soya, etc.
Así, menos del 0,5% de los
propietarios de fundos con más de 500 hectáreas
controlan, según datos no recientes del IGAC,
el 57% de las propiedades, en tanto que el 67.4%
de los propietarios con menos de 20 hectáreas,
sólo poseen el 3,4% de las propiedades. Coincidiendo
con este fenómeno, del 12,6% del territorio
con vocación agrícola, sólo
el 4,6% se emplea en ella. Esto quiere decir que
las dos terceras partes de extensas tierras útiles
para la producción de alimentos se están
usando para la ganadería extensiva que, además,
cuenta con el 16,8% de la tierra utilizable en esta
actividad. Todo esto en momentos en que, por la
política de la Apertura, el país importa
al año más de 10 millones de toneladas
de productos agrícolas que ha producido y
está en capacidad de producir.
¿Qué importancia
tiene la solución del problema de la tierra
hoy en el país?
El latifundio, el minifundio y la
dependencia externa constituyen el principal obstáculo
para la ampliación de las fuerzas productivas
y sociales de la nación. Han impedido el
uso social y económico de los recursos naturales,
le han negado el empleo a la población, han
limitado al máximo las posibilidades de la
industria, la ciencia, la técnica, la educación.
Son factor determinante del subdesarrollo, el atraso
y la miseria, al extremo de que, sino se extirpan,
Colombia no podrá pasar a un nivel superior
de desarrollo.