Además, pese a que aún no se dispone
de los escrutinios definitivos es casi seguro que
Evo obtendrá los dos tercios en el Senado
y en la Cámara de Diputados, lo que le permitiría
nombrar autoridades judiciales y aplicar la nueva
Constitución sin oposición. Todo esto
lo convierte, desde el punto de vista institucional,
en el presidente más poderoso en la convulsionada
historia de Bolivia. Y un presidente comprometido
en la construcción de un futuro socialista
para su país.
Obviamente, estos logros no le impedirán
Washington reiterar sus conocidas críticas
acerca de la "defectuosa calidad institucional"
de la democracia boliviana, el "populismo"
de Evo y la necesidad de mejorar el funcionamiento
político del país para garantizar
la voluntad popular, como por ejemplo se hace en
Colombia. En este país, sin ir más
lejos, unos 70 parlamentarios del uribismo han sido
investigados por la Corte Suprema de Justicia y
la Fiscalía por sus supuestos vínculos
con los paramilitares, y 30 de ellos enviados a
la cárcel con sentencia firme por ese motivo.
Cuatro millones de desplazados por el conflicto
armado, auge del narcotráfico y el paramilitarismo
bajo amparo oficial y la aquiescencia de Washington,
violación sistemática de los derechos
humanos, entrega de la soberanía nacional
a Estados Unidos mediante un tratado negociado en
secreto y que concedió la instalación
de siete bases militares estadounidenses en territorio
colombiano y la fraudulenta manipulación
procesal para lograr la re-reelección del
presidente Álvaro Uribe son todos rasgos
que caracterizan una democracia de alta "calidad
institucional" que no motiva la menor preocupación
de los sedicentes custodios de la democracia en
Estados Unidos.
El desempeño electoral del líder
boliviano es impresionante: obtuvo un triunfo arrollador
en la convocatoria de la Asamblea Constituyente,
Julio del 2006, que sentaría las bases institucionales
del futuro Estado Plurinacional; otra aplastante
victoria en Agosto del 2008 (67 %) en el Referendo
Revocatorio forzado por el Senado, controlado por
la oposición, con el abierto propósito
de derrocarlo; en Enero de 2009 el 62 % de los votantes
aprobó la nueva Constitución Política
del Estado y apenas unas pocas horas atrás,
otra plebiscitaria ratificación de casi los
dos tercios del electorado. ¿Qué hay
detrás de esta impresionante máquina
de ganar elecciones, indestructible pese al desgaste
de cuatro años de gestión, los obstáculos
interpuestos por la Corte Nacional Electoral, la
hostilidad de Estados Unidos, numerosas campañas
de desabastecimiento, intentonas de golpes de estado,
amenazas separatistas y planes de magnicidio?
Lo que hay es un gobierno que cumplió con
sus promesas electorales y que, por eso mismo, desarrolló
una activa política social que le ganó
la indeleble gratitud de su pueblo: Bono Juancito
Pinto, que llega a más de un millón
de niños, Renta Dignidad, un programa universal
para todos los bolivianos mayores de 60 años
que carezcan de otra fuente de ingresos; Bono Juana
Azurduy para las mujeres embarazadas. Un gobierno
que erradicó el analfabetismo aplicando la
metodología cubana del programa "Yo
Sí Puedo", lo que permitió alfabetizar
a más de un millón y medio de personas
en unos dos años, razón por la cual
el 20 de diciembre de 2008 la UNESCO (no los partidarios
de Evo) declaró a Bolivia territorio libre
de analfabetismo. Se trata de un logro extraordinario
para un país que padeció una secular
historia de opresión y explotación,
sumido en una desgarradora pobreza por sus clases
dominantes y sus amos imperiales pese a la enorme
riqueza que guarda en sus entrañas y que
recién ahora, con el gobierno de Evo, es
recuperada y puesta al servicio del pueblo. Por
otra parte, el solidario internacionalismo de Cuba
y Venezuela también permitió la construcción
de numerosos hospitales y centros médicos,
a la vez que miles de personas recuperaron la vista
gracias a la Operación Milagro. Importantes
avances se registraron también en materia
de reforma agraria: cerca de medio millón
de hectáreas fueron transferidas a manos
de los campesinos y en la anunciada recuperación
de las riquezas básicas (petróleo
y gas), lo que en su momento provocó el nerviosismo
de sus vecinos, especialmente Brasil, más
preocupado por garantizar la rentabilidad de Petrobrás
que por cooperar con el proyecto político
de Evo. Por último, el cuidadoso manejo de
la macroeconomía le ha permitido a Bolivia,
por primera vez en su historia, contar con importantes
reservas estimadas en 10.000 millones de dólares
y una situación de bonanza fiscal que, unida
a la colaboración de Venezuela en el marco
del ALBA, le permitió a Morales realizar
numerosas obras de infraestructura en los municipios
y financiar su ambiciosa agenda social.
Por supuesto, quedan muchas asignaturas pendientes
y no todo lo hecho está más allá
de la crítica. En una nota reciente Pablo
Stefanoni, editor de Le Monde Diplomatique en Bolivia,
advertía acerca de la inestable convivencia
entre "un discurso eco-comunitarista en los
foros internacionales y una prédica desarrollista
sin muchos matices en el ámbito interno."
Si bien la tensión existe, es preciso reconocer
que la vocación eco-comunitarista de Evo
trasciende con creces el plano de sus alegatos en
los foros internacionales: su compromiso con la
Madre Tierra, la Pachamama, y los pueblos originarios
es sincero y efectivo y ha marcado un hito en la
historia de Nuestra América. Por supuesto,
el extractivismo de su patrón de desarrollo
es innegable, pero a la vez inevitable dadas las
características brutalmente predatorias que
la acumulación capitalista asumió
en Bolivia. Pensar que de la noche a la mañana
el gobierno popular podría sustentar un modelo
de desarrollo alternativo dejando de lado la explotación
de las inmensas riquezas mineras y energéticas
de ese país es completamente irreal. Bolivia
no tiene a su alcance, al menos por ahora, una opción
como la que en su momento tuvieron Irlanda o Finlandia.
Pero sería injusto desconocer que la orientación
de su modelo económico y su fuerte contenido
distribucionista lo separan claramente de otras
experiencias en marcha en el Cono Sur. Para ni hablar
de la declarada intención de Evo de avanzar
en la escabrosa -y, por eso mismo, lenta y erizada
de acechanzas- construcción de un renovado
socialismo, algo que nada tiene que ver con el nebuloso
"capitalismo andino-amazónico"
que algunos persisten en presentar como una tan
inexorable como inverosímil antesala del
socialismo.
Todos estos logros, sumados a su absoluta integridad
personal y a una espartana cotidianeidad (que contrasta
muy favorablemente con las abultadas fortunas o
los elevados patrones de consumo que exhiben otros
líderes y políticos "progresistas"
de la región) han hecho de Evo un líder
dotado de un formidable carisma personal que le
permite vapulear a cualquier rival que se atreva
a desafiarlo en la arena electoral. Pero además,
su permanente preocupación por concientizar,
movilizar, organizar a su base social -haciendo
a un lado los desprestigiados aparatos burocráticos
que, al igual que en la Argentina, Brasil y Chile
no movilizan ni concientizan a nadie- no sólo
satisface la impostergable necesidad de construir
una subjetividad apropiada para las luchas por el
socialismo sino que, al mismo tiempo, se constituye
en una carta decisiva a la hora de prevalecer en
la arena electoral. Las fuerzas de la atribulada
"centroizquierda" del Cono Sur, que avizoran
un futuro político poco promisorio habida
cuenta del crecimiento de la derecha alimentado
por su resignado posibilismo, harían bien
en tomar nota de la luminosa lección que
ofrece el triunfo de Evo en las elecciones del domingo
pasado. Una lección que demuestra que ante
el peligro de la restauración del dominio
de la derecha la única alternativa posible
es la radicalización de los procesos de transformación
en curso. Derrotada en el terreno electoral la derecha
redoblará su ofensiva en los múltiples
escenarios de la lucha de clases. Sería suicida
suponer que se inclinará sin dar batalla
ante un revés electoral. Ojalá se
aprenda también esta lección.
www.atilioboron.com, diciembre 8 de 2009.