POR FERNANDO ARELLANO ORTIZ
"Colombia
es una Nación fallida que vive una profunda
crisis humanitaria y de dignidad; por eso tenemos
la idea equivocada de que la dignidad nos va
a venir de la protección que nos dé
otra Nación, o de las armas, o de la
seguridad del Estado", sostuvo en desarrollo
de su charla en el marco de la Cátedra
Orlando Fals Borda, el superior provincial de
la Compañía de Jesús en
Colombia, Francisco de Roux Rengifo.
El sacerdote jesuita hizo un análisis
de la realidad colombiana a partir de la dignidad
humana, el conflicto armado y el modelo económico
imperante. Dijo que Colombia podrá salir
de su encrucijada política, ética,
social e institucional si logra mejorar las
condiciones de vida de su población mediante
la construcción de ciudadanía,
democracia, desarrollo social y profundo respeto
por la dignidad humana.
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Francisco
de Roux
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En ello su mensaje fue enfático:
"La dignidad se da en cada persona como valor
absoluto siempre. La dignidad no depende del sistema
social y no se recibe del Estado, ni de ninguna institución
nacional o global, religiosa o secular. La dignidad
se tiene simplemente por ser humanos y no puede ser
violada por ninguna institución. La dignidad
no puede hacerse crecer. La dignidad de las personas
no aumenta por el crecimiento económico de
un país, ni por los estudios que las personas
hagan, ni por ser pobladores de una potencia internacional;
ni es menor por ser poblador de un país pobre.
La dignidad no puede ser desarrollada. Lo que se desarrolla
son las condiciones para que cada persona pueda proteger
y expresar libremente su propia dignidad, de la manera
como quiere vivir este valor absoluto. Estas condiciones
son los derechos económicos, sociales, culturales,
medioambientales y de género convertidos en
realidad, en la forma como la personas de una comunidad
decidan".
De Roux culminó sus estudios
como licenciado en Filosofía y Letras en la
Universidad Javeriana en 1968. Posteriormente hizo
un Magíster en Economía en la Universidad
de los Andes en Bogotá. En el año 1973
inició sus estudios de Teología y fue
ordenado sacerdote en 1975; trabajó en el Centro
de Investigación y Educación Popular
(CINEP) de la capital colombiana en la promoción
de empresas comunitarias y como investigador. Más
adelante obtuvo el doctorado en Economía en
la Universidad de la Sorbona de París, en 1980,
y el Magíster en esa disciplina en London School
of Economics, en 1981.
Tuvo un importante liderazgo y jugó
papel protagónico en gestiones de reconciliación
y promoción social como director del Programa
de Desarrollo y Paz del Magdalena Medio, una zona
muy conflictiva localizada en el centro oriente colombiano.
Ha recibido varias condecoraciones, entre ellas, la
medalla "Caballero de Honor de la Legión
Francesa" otorgada por el presidente François
Miterrand y el Premio Nacional de Paz en el 2001.
A partir de octubre de 2008 es el Provincial de los
jesuitas en Colombia.
CRISIS HUMANITARIA PROFUNDA
Dada su amplia experiencia en conciliación
en una de las zonas más conflictivas de la
geografía colombiana, opina que "la paz
será posible si se logra el desarrollo de la
gente con dignidad, mediante procesos en medio del
conflicto. Hay que transformar cada conflicto en proyectos
para atacar las causas estructurales del mismo con
miras a hacer las transformaciones".
Su diagnóstico sobre el país
es preocupante: "Colombia -dice- vive una crisis
humanitaria muy profunda, hay ruptura del ser humano
que termina afectando a la comunidad internacional.
Al mismo tiempo, hay un problema ético por
lo que se hace urgente hacer valer la dignidad humana.
Esa es la razón por la cual en este país
se recibe más ayuda internacional en comparación
con el resto de países de América Latina".
"Es el Estado el llamado a proteger
y garantizar la dignidad, por lo que es indispensable
y prioritario generar las condiciones para que el
pueblo pueda escoger la manera de como vivirla",
agrega.
No obstante que atribuye a todos los
habitantes de esta nación su cuota de responsabilidad:
"Todos en Colombia somos responsables por lo
que hemos hecho o por lo que hemos dejado de hacer".
MODELO ECONÓMICO DE EXPOLIACIÓN
Criticó, igualmente, el modelo
económico en Colombia, al que calificó
de "explotación primaria" y de expoliación
de recursos naturales. En contraste, se requiere posibilitar,
dijo, un modelo eficaz de desarrollo social en armonía
con el medio ambiente. De esta manera, explicó,
"se producirá la vida que desean los pobladores,
involucrándolos a todos en el progreso de su
región, creando confianza colectiva".
En ese sentido y siguiendo los preceptos
constitucionales de la Carta del 91 consideró
que Colombia es un país que debe desarrollarse
y gobernarse por regiones para mejorar sus posibilidades
de democracia y participación ciudadana, y
está en mora de hacerlo.
Destacó la experiencia político-administrativa
de Bogotá en donde se ha logrado avanzar en
cultura y convivencia ciudadanas, pese a que es una
capital atravesada por las consecuencias del conflicto
interno. Por ello, aseveró, su liderazgo "debe
ser el motor de la paz en el país".
LA SEGURIDAD DEMOCRÁTICA:
UN DISCURSO DE MIEDO
Preguntado por el Observatorio Sociopolítico
Latinoamericano WWW.CRONICON.NET, si tras ese diagnóstico
suyo, Colombia es un Estado fallido, De Roux manifestó:
"Creo que es mucho más profundo, creo
que estamos frente a una Nación fallida. Los
colombianos no hemos logrado resolver el problema
de la construcción de una nación entre
los ciudadanos. La construcción de Estado es
muy precario y si no lo hacemos desde lo más
hondo como los principios básicos de una ética
pública, siempre tendremos fragilidades en
las elaboraciones constitucionales que desarrollemos
y tendremos resquebrajamientos en las autoridades
públicas que designemos".
Frente al controvertido tema de la entrega
de bases militares colombianas a Estados Unidos, el
sacerdote ignaciano manifestó que el mismo
"está conectado con la dignidad nacional
y plantea además la situación de hombres
y mujeres que no acabamos de reconocernos los unos
a los otros en nuestra grandeza, en nuestra autonomía,
en nuestra soberanía, en la necesidad de confiar
en que lo que vale de nosotros es la grandeza humana
que compartimos y que tenemos que proteger. Tenemos
la idea equivocada de que la dignidad nos va a venir
de la protección que nos dé otra Nación,
o de las armas o de la seguridad del Estado. No, eso
es nuestro y nosotros tenemos que constituir el Estado
soberano y protegerlo".
Criticó la política de
"Seguridad Democrática" del presidente
Uribe, a la cual calificó como "un discurso
del miedo, porque busca que unos colombianos se protejan
a través de las armas de otros colombianos,
y eso constituye una amenaza".
Tras advertir que el presupuesto nacional
para 2010 destina más recursos en armamento
que en educación, dijo que ello contribuirá
a profundizar "la guerra entre colombianos".
Bogotá, noviembre 13 de 2009.