'LOS NARCOS ESTÁN PONIENDO LOS OJOS EN BOGOTÁ', ADVIERTE CLARA LÓPEZ, SECRETARIA DE GOBIERNO


En entrevista con EL TIEMPO, habla a fondo de las razones de la inseguridad en la ciudad.

Además, por primera vez, responde largamente a las acusaciones en su contra por favorecer presuntamente, y desde su despacho, a su esposo, el ex concejal Carlos Romero (del Polo Democrático), en su campaña política para llegar al Senado.

López anuncia además que ya le otorgó poder a un abogado para que entable demandas por injuria y calumnia a las personas que la han acusado y revela que entre ellas hay concejales y expertos.


La secretaria de Gobierno, Clara López,
sonríe frente al Palacio Liévano,
sede de la Alcaldía.
(Foto: Fernando Ariza / El Tiempo).

Hoy, ¿cuál es la radiografía que hace de la inseguridad en Bogotá?
Hemos venido diciendo de tiempo atrás que la dinámica del delito está cambiando y con elementos propios de la paradoja colombiana, de vivir al tiempo el conflicto y el posconflicto.

Vemos que los poderes mafiosos están poniendo los ojos en la ciudad y a eso atribuimos, en gran medida, el auge del microtráfico (venta de droga al menudeo). Porque en la medida en que ha habido éxito en la interdicción del narcotráfico hacia el exterior, se ha abierto para los narcotraficantes el consumo interno que ellos promocionan. Estudios de la OEA, citados por el general Óscar Naranjo, señalan que el país pasó de ser netamente productor a estar en la categoría de consumidor medio de estupefacientes.

Cuando usted habla de poderes mafiosos, ¿a qué se refiere exactamente?
A eso que denominan bandas emergentes, que son la expresión del narcotráfico de las Autodefensas (paramilitares). La ciudad de Bogotá es muy atractiva ante eso y vamos a hacer hasta lo imposible para evitar que a nuestra ciudad le vaya a pasar lo que le pasó en su momento a Nápoles (la ciudad italiana tomada por la mafia).

¿Uno podría hablar de narcotráfico en Bogotá?
Bogotá no es todavía un sitio de narcotráfico. Es el receptor de esa mirada y esos esfuerzos de penetración hacia el consumo interno. Por lo tanto, se podría hablar de narcotraficantes aprovechándose del consumo en Bogotá. Pero aparte de eso, hay otros factores que están generando violencia, como la inconvivencia y la intolerancia. De continuar la intolerancia como está hoy en día, estaríamos ante una crisis de la sociedad. ¿Por qué? Porque convivencia es acatamiento de las normas, de las reglas y mi derecho va hasta donde empieza el derecho del otro.

¿Por qué se han incrementado los asesinatos en la ciudad? Del 2007 al 2008 hubo un alza...
Allí hay tres factores: el primero, el impacto del reacomodamiento de los poderes mafiosos que han implicado sicariatos en la ciudad y el microtráfico; segundo, el tema de la inconvivencia y la intolerancia que nos está mostrando violencia intrafamiliar, problemas de riñas e irrespeto a las normas; y, desde luego, un factor interno de empoderamiento de las bandas delincuenciales.

¿No le parece delicado que en Bogotá aumenten los asesinatos y se quiebre la tendencia a la baja que este delito había mostrado en los últimos años?

No creo que haya un descontrol. Hay un leve aumento en la tasa de homicidios, pero no hay una tendencia a que se dispare el homicidio. Es muy preocupante, claro, pero miremos el contexto: Bogotá no ha dejado de ser la ciudad más segura del país. Aquí en Bogotá, con 7 millones 200 mil habitantes, tenemos la tercera parte del número de homicidios de las cinco ciudades que le siguen y que tienen una población equivalente. Eso nos está diciendo que Bogotá está por debajo del promedio nacional.

Esa explicación que usted da suena así: 'estamos mal, pero hay otros que están peor'. ¿No le parece una justificación muy cuestionable?
No, no es una justificación, no nos estamos lavando las manos, lo que estamos es explicando. El delito no está desbordado, pero no somos una urna de cristal para que no nos toque lo que está pasando en el país. A la ciudad llegan 52 familias desplazadas diarias, acá tenemos la mayor concentración de reinsertados y desmovilizados.

Lo que pasa es que usted tiene que ver cuáles son los factores endógenos de la ciudad que están bajo nuestra responsabilidad y los factores exógenos, que están fuera de su control. Ejemplo de esto último, que está fuera de nuestro control, está el ciclo económico, el pie de fuerza (tener más policías), el combate a las bandas emergentes y la lucha contra el narcotráfico.

Todos esos son factores que están incidiendo en el homicidio en la ciudad y que son factores sobre los cuales las autoridades del Distrito no tienen control. Sí tenemos control en otros aspectos: cómo potenciar la Fuerza Pública y por eso el Plan de Desarrollo está haciendo una apuesta de potenciación de la capacidad de reacción de la Policía Metropolitana, porque un policía con tecnología vale por tres. Entonces, ante la escasez del pie de fuerza, estamos potenciando la capacidad de reacción con movilidad, comunicaciones e inteligencia.

Estamos haciendo lo máximo e incluso yendo más allá, frente a otras ciudades: tenemos campañas de desarme, intervenciones en las zonas críticas del delito, estamos promoviendo programas inmensos para abordar el tema de los jóvenes, que no es de poca monta.

Pareciera que no quiere reconocer que la inseguridad se salió de control...
No. Una cosa es que uno explique por qué hay un leve aumento en la tasa de homicidio y otra cosa muy distinta es lo que dice usted en su pregunta -que es una afirmación suya- que esto se salió de control. ¿Dónde está salido de control? Explíqueme.

¿No hay problemas entonces?
Claro que se reconoce, lo que pasa es que en el contexto de la campaña que se está haciendo permanentemente para generar una percepción de inseguridad en la ciudadanía -por razones incluso de carácter político- nosotros respondemos diciendo: aquí hay un leve aumento en la tasa de homicidio, que no significa que hay descontrol en materia de seguridad en Bogotá.

¿A qué le atribuye que la percepción de inseguridad se haya disparado 20 puntos en el último año, según la encuesta de la Cámara de Comercio?

La misma encuesta lo atribuye a factores económicos, como el desempleo, la inseguridad en el trabajo y la reducción de ingresos. Pero la percepción hay que contextualizarla: la ciudad más segura del continente, Santiago de Chile, tiene la percepción de inseguridad más alta que Bogotá. Y es por algo muy importante: la ciudadanía, con toda razón, se hace más exigente con los llamados delitos menores, cuando se logra controlar los delitos mayores, como el secuestro, la extorsión, etc. Nosotros vemos eso con buenos ojos, porque es una exigencia ciudadana para volcar los ojos sobre esos delitos que afectan la calidad de vida.

¿Hay políticos jugando con la seguridad en Bogotá?
En eso no hay la menor duda. Eso pasa en campaña electoral.

¿Y cómo juegan?
Exagerando algunas cifras, tratando de decir que no son confiables, señalando responsabilidades donde no caben, tratando de decir que todo lo bueno en el país se debe a donde ellos tienen su corazón y todo lo malo a donde hacen oposición. Es el juego de la democracia y eso está bien. Lo que pasa es que la ciudadanía sí tiene que estar informada a través de los medios, de lo complejo y de la diversidad de estos tremas y de su contextualización.

¿Por qué se percibe un cierto desorden en el manejo de las cifras de inseguridad en Bogotá? Y las críticas no sólo han llegado de los peñalosistas y los uribistas, sino también de otros sectores políticos e incluso del ex alcalde Antanas Mockus. Los expertos aseguran que se descuidó el Suivd, el gran centro que consolidaba todas las estadísticas y las hacía creíbles...

Yo pienso que los creadores del Suivd cometieron un error de fondo. Ser voluntaristas, es decir pretender que el Distrito puede darles órdenes a Medicina Legal, a la Policía Nacional o al CTI de la Fiscalía sobre cómo llevar sus cifras. Tal vez en esa época los funcionarios (de esas entidades) eran más afines y podrían llegar a acuerdos.

Hoy en día cada entidad tiene una metodología que ha ido perfeccionando para lo propio, porque el mundo cambia y evoluciona. Medicina Legal se ha calificado muchísimo y, por ejemplo, el número de muertes violentas por establecer se ha ido reduciendo porque la técnica que se utiliza en las necropsias es muy elevada.

La Policía lleva las cifras de acuerdo al impacto policial y es otra metodología; y el CTI de la Fiscalía, desde la óptica de los procesos. Entonces, el Suivd cometió el error de no haber establecido una normatividad que le atribuyera al Distrito, por Ley de la República, la responsabilidad de llevar esas cifras. Por eso, el Distrito no tiene autoridad legal para establecer la cifra de homicidios. Entonces, ¿nosotros qué estamos haciendo durante los consejos de seguridad los martes? Pues mirando las cifras de esas tres entidades.

¿Y, en medio de todo, a quién le debe creer uno?

Pues nosotros siempre le creemos a la que dé la cifra más alta, para no pecar por omisión.

El Suivd de hace unos años consolidaba las cifras, las depuraba, había un trabajo entre todas esas instituciones y ese esfuerzo, al parecer, se perdió...Hoy todas las entidades dan sus cifras y en ocasiones se genera bastante confusión...
No se perdió. Nosotros tenemos un trabajo interinstitucional y una colaboración en materia de información sobre el delito mucho más avanzada, porque caracterizamos el delito, mirando a la víctima y al victimario, al arma que se utiliza, llegamos incluso a caracterizar el número de disparos en el cuerpo, que nos permite hacer toda una taxonomía del homicidio. Todo esto para poder desarrollar política pública, que no la puede hacer usted simplemente con una cifra.

Hace una semana anunciaron multas por malos comportamientos de los ciudadanos... ¿En qué consisten?
Hemos hecho algo fundamental y sencillo: actualizar las multas del Código de Policía. Es una política pública orientada al cumplimiento de las normas básicas de convivencia entre los ciudadanos, que es fuente de violencia y de delitos en Bogotá. El reto grande es la aplicación real de esas multas. Si empezamos a sancionar con multas de hasta 600 mil pesos a los que incurren en la contravención de riñas, vamos a evitar muchas conductas mayores, como el homicidio.

Pero en una ciudad donde no tenemos policías, y donde los que hay deben atender mil problemas, ¿no cree que es una buena y loable intención y que puede quedarse en solamente eso?
No sé por qué cuando el ex alcalde Antanas Mockus hablaba de cultura ciudadana, que era por ejemplo que la gente aprendiera a usar la cebra, todos lo aplaudían. Y a nosotros, que ahora estamos pretendiendo ponerle dientes a ese Código de Policía, nos dicen que eso no se puede, que es imposible, que para qué...etc.

¿A la izquierda no le ha quedado grande la inseguridad de Bogotá?
No. Para nada...Todo lo contrario. Estamos demostrando que el orden y los principios democráticos pueden y deben ser compatibles, sin pretender que la única solución sea la represión. Nosotros usamos varios principios y los hemos demostrado en la práctica. En el conflicto social, usamos concertación, diálogo y acuerdo y ahí están los ejemplos: el retiro voluntario de los desplazados del parque Tercer Milenio, la minga indígena que llegó a Bogotá, la toma del barrio Carvajal...Pero usamos la coacción y la represión para el delito y el incumplimiento de las reglas de convivencia.

De un 100 por ciento, ¿usted cuánto tiene de mano dura y de mano conciliadora?
100 por ciento de mano dura para el delito; y 100 por ciento conciliadora para asumir los conflictos sociales.

Es decir, que nadie piense que usted es mano blanda...
No soy mano blanda. Es que la mano dura que muchas veces tratan de reclamar es como algunos que me pedían que, en aras del espacio público, 'limpiara' el Tercer Milenio con una intervención policial. Para muchas personas, esa es la imagen de la autoridad, pero esa no es la imagen mía de la autoridad. Siento que se aumentó la legitimidad de las autoridades con el manejo que le dimos al problema del Tercer Milenio, bajo la dirección del Alcalde, con la concertación y el diálogo, pues allí la fuerza no cabía.

¿Usted cree que Bogotá no está preparada para tener a una mujer mandando en los temas de seguridad y con una visión de izquierda? Su antecesor en la Alcaldía de Lucho Garzón, por ejemplo, era un hombre y de las filas conservadoras...
No sé si tengo tantos críticos o detractores que no aguanten eso.

¿Por qué algunos contratistas de la Secretaría de Gobierno han manifestado públicamente su apoyo a la campaña al Senado de su esposo, el ex concejal Carlos Romero, del Polo Democrático?
Así lo han hecho otros contratistas en favor de otras campañas. Han querido convertir el flujo normal de los contratos de la Secretaría con un supuesto favorecimiento personal. Aquí no hay más o menos contratos que en la administración anterior. Segundo, me han querido aplicar inhabilidades inexistentes, porque mi marido, Carlos Romero, aspira legítimamente al Senado. Entonces, tengo que aplicar una norma que me lleve a no poder gobernar con la gente que yo conozco, sencillamente porque llevo 30 años de familia y de vida política con él.

Si yo no puedo nombrar en la Secretaría de Gobierno a alguien que conozca a Carlos Romero, no podría nombrar a nadie que conozca yo. Eso es lo que considero una manipulación malsana porque para nadie es un secreto que intereses políticos hay en todos los partidos de todos los gobiernos y a mí me están tratando de convertir en inhabilidad y en corrupción algo muy normal, que es invitar a trabajar conmigo a personas que yo conozco.

Le confieso que yo no había querido polemizar, pero le quiero informar a usted que le he dado poder a un abogado para que me represente ante todas las personas que pretendan calumniarme e injuriarme.

¿A quién nombró?

Le he dado poder al abogado Daniel Mendoza Leal para rectificar publicaciones y a personas que le han hablado a los medios, como concejales y expertos.

¿Quiénes son?
No le voy a dar nombres, pero ha habido muchas afirmaciones falsas en todo esto que han vulnerado mi honra y buen nombre. Y en este país le toca a uno contratar a un experto penal para defender el buen nombre.

Usted no ha cometido un delito, pero los funcionarios públicos no solo tienen que ser, sino parecer y, más allá de lo legal, ¿no cree que está ante un problema de presentación o ante un conflicto ético?

¿Y por qué no acusaron a Carlos Romero de haber vinculado al Concejo a personas que yo le recomendé por sus calidades?

No se puede comparar un concejal con una Secretaría de Gobierno que mueve miles de millones de pesos al año...
Uno trabaja con la gente que uno conoce.

¿Para trabajar en la Secretaría hay que conocerla a usted o al ex concejal Carlos Romero?
No. Acá trabaja mucha gente. Todos los políticos, y no me ponga a decir indelicadezas, recomiendan a personas. Entonces, a mis críticos no les gusta los recomendados de los otros.

¿Pero entonces usted respalda la 'palanca', la burocracia o la meritocracia?
Yo respaldo totalmente la meritocracia. Lo que pasa es que uno, a lo largo de 30 años de vida profesional, trabaja y conoce a distinta gente y va estableciendo relaciones y esas son acciones de respeto por el profesionalismo, por el trabajo y por el compromiso. Son las personas que uno, cuando llega a un cargo de estos, quiere ver en su equipo de trabajo.

Pero no le parece mal visto que los funcionarios que están bajo su mando apoyen a su esposo en la campaña al Senado...
Son algunos. Y eso es difícil porque Carlos Romero ha sido concejal nueve veces. ¿Entonces tengo que buscar aquí en los archivos cuál funcionario lo conoce a él para despedirlo?

¿Cómo hago para vincular a una persona que yo conozca y que no conozca a Carlos Romero?

Es difícil, aunque las hay desde luego. He sido juzgada y vilipendiada públicamente, con una presunción de excesiva mala fe que no se compadece con mi trayectoria de persona de bien, con mi reputación, ni con la manera como yo actúo. Yo aquí no ando preguntando quién viene de dónde para ver si le doy trato preferencial o no. Acá todos trabajan en función del Plan de Desarrollo.

¿La Secretaría de Gobierno no está al servicio de la campaña de Carlos Romero al Congreso?
Claro que no. Y eso sólo se lo dicen a usted mis malquerientes y, seguramente, la competencia de él.

¿No va a renunciar?

No.

Algunos dicen que apenas inicie la campaña electoral en forma y arrecien las críticas, usted podría abandonar el cargo...
No tengo pensado renunciar, pero no soy dueña de este cargo. Y frente a las críticas he actuado con claridad y transparencia. Pero yo sé por qué me quieren sacar.

¿Y por qué?
Porque eso de una mujer de izquierda en la Secretaría de Gobierno no gusta. Yo lo sé.

Si ve que esas críticas le hacen daño directamente al alcalde Samuel Moreno, ¿usted daría un paso al lado, teniendo en cuenta su lealtad con él?
No. Porque eso no puede hacerle daño. Lo único que le puede hacer daño a él, de parte mía, es que yo cometa alguna fechoría y no la he cometido.

Y finalmente, ¿cómo ve por esta época al alcalde Samuel Moreno?

Es una persona con una capacidad de resistir muy grande. Como en el boxeo, recibe los golpes y los asimila y esa es su fortaleza. Es un hombre que asimila los golpes como un buen luchador y no pierde el norte.

Por Yesid Lancheros
Redactor de El Tiempo
Domingo 18 de octubre de 2009.



 
     
     
 

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