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El DAS es el
departamento de inteligencia de la Presidencia
de la República y está bajo
la dirección y control del Presidente.
El DAS quedó en manos de mafias narcoparamilitares
no por asalto o infiltración, sino
por designación del Presidente. Las
investigaciones indican que con el nombramiento
de Jorge Noguera el DAS quedó tomado
principalmente por dos sectores. Uno de 'Jorge
40' y otras mafias costeñas que fueron
retribuidos por el apoyo electoral a la campaña
del Presidente en la Costa Atlántica.
Y otro de la gente de Castaño y Mancuso,
que quedaron en segundo nivel, pero con línea
directa.
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En las entrañas del DAS terminó
dándose la misma ruptura que en las entrañas
del paramilitarismo. La línea más
narca terminó imponiéndose sobre la
línea más paraca. Al imponerse la
línea narca, además de filtrar listas
a los paramilitares para que asesinaran a sindicalistas
y ciudadanos, por ser supuestos guerrilleros, y
chuzar a magistrados, políticos y periodistas
que se consideran un peligro para el Gobierno, se
dedicaron a limpiar antecedentes y a hacerle vueltas
a cuanto mafioso, parapolítico y hasta guerrillero
pagaba. Ese relajo, que viene desde Noguera, se
sale de madre de vez en cuando y explota un nuevo
escándalo.
Esta es la tercera vez que la prensa
descubre chuzadas y seguimientos ilegales de este
Gobierno. Los chuzados siguen siendo los mismos,
pero desde la primera vez el Gobierno pone cara
de sorprendido y dice no saber nada. Cuando las
ilegalidades las denuncian los medios, se aplica
el manual de crisis de la Presidencia: se anticipa
la chiva y se hace una rueda de prensa para neutralizar
las denuncias, se 'queman' unos cuantos funcionarios
a quienes se les pide la renuncia, se reitera que
las ilegalidades no son política institucional,
se enfatiza que el Presidente no sabía y
no ordenó nada ilegal, se anuncia que se
investigará hasta las últimas consecuencias
y se denuncia que todo es culpa de una mafia. Ninguna
investigación, de las tantas anunciadas,
ha dado un solo nombre de los miembros de esas mafias,
ni ha dicho quién manda chuzar, ni quién
escucha lo chuzado, ni quién paga y se beneficia
de las vueltas del DAS.
Según el actual director del
DAS, este nuevo escándalo demuestra que hay
una mafia interesada en atentar contra el Estado
y la seguridad nacional. La evidencia que dejan
los escándalos es exactamente la contraria.
Una mafia del Estado -del DAS- atenta contra la
democracia y seguridad de los ciudadanos. Lo evidente
es que el DAS está controlado al detal por
funcionarios y amigos de la Casa de Nari y por narcoparamilitares,
y las vueltas se hacen al margen del director del
DAS, que, de Andrés Peñate en adelante,
es básicamente un convidado de piedra que
no tiene control sobre la entidad y cuyo trabajo
es poner la cara cuando se descubren las vueltas
de los que sí la manejan. Poner un director
cada vez con menos experiencia y más ingenuidad
es garantía de que las vueltas se podrán
seguir haciendo y otro pondrá la cara, manejará
el escándalo y asumirá la responsabilidad.
Lo otro contraevidente es que el Presidente
no ha ordenado las persecuciones y chuzadas. El
Presidente ha afirmado pública y reiteradamente
que considera a los magistrados unos fabricantes
de carteles de testigos interesados en tumbarlo;
a los miembros de la oposición, guerrilleros
vestidos de civil; y a los periodistas, cajas de
resonancia del terrorismo. Un funcionario del DAS,
que está al servicio del Presidente, no sólo
se siente autorizado sino obligado a seguir a los
magistrados, políticos y periodistas que
el Presidente ha señalado públicamente
como objetivos legítimos por ser amenazas
a su seguridad y la del Estado.
El DAS no está fuera de control.
Está haciéndole caso al Presidente,
chuzando y hostigando a quienes señala como
amenazas y aplicando el manual de crisis cuando
los resultados se filtran y se arma un escándalo.
El DAS sólo cambiará si cambia el
comportamiento de la Casa de Nari; de lo contrario,
seguiremos de escándalo en escándalo.
El Tiempo, Bogotá, 24 de febrero
de 2009.