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POR CARLOS BULA
Secretario General del PDA
El
año pasado en Europa participé
en Viena en un coloquio sobre transporte público.
En un momento determinado pensé que
el traductor simultáneo se había
equivocado, porque hacía referencia
a la presencia de un demente en la política
de la capital de nuestro país. Intrigado
y molesto le pregunté a quien se refería.
Entonces me inquirió y me dijo "¿No
es cierto que durante la campaña por
la Alcaldía Mayor de Bogotá
hubo un candidato que se opuso a la construcción
del metro?" "¿Y que ese personaje
contó con el respaldo de un ex presidente
de la República de Colombia?"
Por supuesto, tuve que contestarle que así
había sucedido. Y que ese candidato
había recibido el respaldo del Doctor
César Gaviria director del Partido
liberal. Pero le aclaré que el señor
Enrique Peñalosa no se había
opuesto al metro como resultado de un desorden
mental, sino obediente a intereses muy particulares
que siempre lo han acompañado.
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Carlos Bula
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El fondo de la conspiración
contra el Alcalde Samuel Moreno Rojas está
enderezado a impedir la construcción del
Metro.
Ojalá todos hagamos conciencia
de este siniestro plan. Ello incluye la actitud
del Presidente Uribe y sus respuestas dilatorias
en materia de financiación, así como
también los añadidos que le ha venido
colgando a nuestro victorioso proyecto.
Peñalosa frustró a todos
los colombianos, porque la propuesta del METRO,
no es solo de Bogotá sino de toda la nación.
Este proyecto quedó listo durante el Gobierno
del General Gustavo Rojas Pinilla, hace cincuenta
años, y estuvo en la boca del horno, especialmente
durante la administración del Alcalde Durán
Dussán, hace un cuarto de siglo. Perversos
intereses político-financieros se han interpuesto
y Bogotá, entiéndase bien, es la única
ciudad del mundo con más de cinco millones
(?) de habitantes que no dispone de tan imprescindible
elemento de transporte masivo.
No se requiere entonces de mayores
análisis técnicos sobre el asunto
de la movilidad en Bogotá. Hay problemas
de tránsito, porque no hay transporte público.
Y ese transporte público no puede seguir
siendo transmilenio, sino un sistema que no entre
en contradicción con el tráfico de
superficie. Elemental. Así pensaron en Nueva
York a finales del siglo XIX. Así pensaron
en Moscú los bolcheviques apenas diez años
después de la Revolución de Octubre.
Así pensaron en Washington, en Londres, en
París, en Túnez, en Shangai, en Caracas
en Medellín y en aquellas otras ciudades
progresistas que adoptaron la decisión de
resolver el problema de pura raíz. Así
ha pensado todo el mundo, menos Peñalosa,
obsesionado por la experiencia de la ciudad brasileña
de Curitiba, como si hubiese términos de
comparación.
Peñalosa al decir del ex presidente
Ernesto Samper, engañó a los bogotanos,
porque había asumido este compromiso electoral
durante la campaña que lo condujo a la Alcaldía
Mayor de Bogotá. Dispuso además de
todos los instrumentos jurídicos y financieros,
proporcionados por el Gobierno Nacional de ese entonces,
que presidió el gobernante en mención,
para acometer la obra. En lugar de esta empresa,
utilizó los recursos nacionales y las estables
finanzas distritales, derivadas de la juiciosa administración
del Alcalde Jaime Castro, para embarcar al Distrito
Capital en cuantiosos egresos para un modelo que
ha colapsado estruendosamente, sin contar con los
perjuicios adicionales de las fallas de las losas
y el desmedro del tesoro público pues se
trata de un monopolio privado, de propiedad en su
inmensa mayoría, de los mismos que han ocasionado
el caos del transporte en Bogotá. Dueños
de rutas pero no de buses. Empresas de gaveta y
de papel. El transporte público en Bogotá
debe ser de propiedad del Estado.
Fue durante la administración
de Peñalosa y como consecuencia de su "pico
y placa", que los ciudadanos de medianos y
grandes recursos adquirieron un segundo vehículo
para transportarse, sumiendo a Bogotá en
este impresionante caos, para el cual ni siquiera
se dispuso la reparación de malla vial. Solo
las rutas del tramsnilenio merecieron la atención
del burgomaestre. Para repararlas una y otra vez
sinuosos negocios de unos pocos.
Ahora, en la entrevista con Yamid
Amat (El Tiempo. Febrero 1° de 2009) nos repite
los consabidos argumentos trasnochados contra el
Alcalde Moreno Rojas.
¿Qué nos dice?
1°. "Los homicidios
han aumentado."
Son las informaciones tendenciosas de los generales
Naranjo y Palomino orientados a erosionar inútilmente
la excelente gestión de la Secretaria de
Gobierno, Clara López.
2°. Transmilenio por la Séptima. Es una
obsesión. Bogotá tiene que defenderse
de esta agresión peñalosista.
3°. "El Polo es una izquierda curiosa".
¿Por que? "Porque impulsó el
transmilenio para Soacha al sur y no por la séptima
hacia el norte." Estoy por darle la razón
al analista vienés, que lo consideró
un discapacitado.
4°. Nos acusa de politizar la administración,
cuando la verdad es que el reclamo de la inmensa
mayoría de los polistas, es que la permanencia
de peñalosistas en altos cargos de la Administración
Distrital, que también mantuvo el Alcalde
Garzón, es una especie de Caballo de Troya
contra el Alcalde Moreno.
5°.Y finalmente la joya de la corona. Defensa
a ultranza de los colegios que entregó al
sector privado; política que se acabó
con la tarea adelantada por el Secretario de Educación,
Abel Rodríguez a quien le extendemos una
vez mas nuestra admiración y respaldo.
Pero Peñalosa aprovecha. Sabe que el Presidente
Uribe no está en su mejor momento. Y los
roedores son los primeros en saltar del barco. Repite
la letanía: "El Presidente Uribe ha
hecho una labor histórica
pero no es
bueno para las instituciones de nuestra patria que
haya una segunda reelección."
Ahora, ojalá que en el POLO a nadie se le
ocurra, que este mandril, puede ser uno de nuestros
aliados.
Lunes 2 de febrero de 2009