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POR LUIS EDUARDO GARZÓN
Con uribe
o sin uribe arrancó la campaña
presidencial. "Uribito" ahora
pretende parecerse al emperador Hirohito.
Descalifica a sus propios aliados por
aristócratas -está claro
que se refiere a los apellidos Vargas
Lleras, Santos, Sanín y Holguín
Sardi- y le embejuca que aparezcan hijos
ilegítimos de su jefe que le disputen
la herencia y el discurso, tildándolos
de camaleónicos, supongo que aludiendo
a Rodrigo Rivera.
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Abel Rodríguez
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Y a Cambio Radical lo mandan a
ser parte de la ya larga lista de desempleados
del país. Si habláramos de una
corrida, los cercanos al Presidente parecen
más bien en una corraleja, donde los
toros salen y embisten para donde sea.
Pero este nuevo capítulo
en las peleas de la llamada colisión,
perdón, coalición de Gobierno,
se diluye cuando de volver a conquistar electoralmente
a Bogotá se trata. De ahí que
no desaprovechan oportunidad para ese fin. Saben
que la política social distrital, a diferencia
de la nacional, ha sido absolutamente exitosa.
Y por eso en 2007 los ciudadanos reeligieron
esa agenda con un protagonista diferente.
Uno de los pilares ha sido la
educación. Como en ningún otro
lado del país se ha trabajado por la
permanencia de los jóvenes en la educación,
con subsidios para los adolescentes, con restaurantes
escolares que fueron dando una mejor y mayor
cobertura alimentaria, con colegios cuya calidad
en su infraestructura haría que les llorosearan
los ojos de la envidia entre otros a los del
Nueva Granada, con una inversión en estructuras
sismorresistentes que permitió recuperar
a estudiantes del hacinamiento locativo en que
se encontraban, con estabilidad, buen trato
y capacidad para los profesores, con una red
bibliotecaria y de internet que le da acceso
al ciento por ciento de la población
juvenil. Todo esto ha tenido un protagonista
principal: Abel Rodríguez.
Por todo ese esfuerzo produce
tristeza y rabia que unos bandidos se hayan
prestado para falsificar documentos y se hayan
lucrado con la venta de un lote con destino
a un colegio para estrato uno. De ninguna manera
a nombre de las lógicas de la política
uno puede evadir su responsabilidad. Es más,
está obligado a promover todo lo que
esté al alcance para encontrar responsables.
Por eso, cuando nos enteramos a mediados de
2007, fuimos los primeros en denunciarlo. Esa
plata es de la niñez y como tal es sagrada.
En lo penal, los jueces decidirán, en
lo administrativo hay que asumir las responsabilidades
por la eventual negligencia y en lo político
me adjudico lo bueno, lo malo y lo feo que ha
habido en educación. No me voy a esconder,
como sí hacen otros dirigentes políticos
que dejan solos a sus buenos funcionarios encausados
penal y civilmente, arguyendo que eso los desgasta
para eventuales faenas electorales hacia el
futuro.
Si fuera por cálculos electorales
no escribiría esta columna. Pero no dormiría
tranquilo viendo cómo el uribismo descuartiza
la vida de Abel. Lo conocí como un vehemente
sindicalista, como un extraordinario constituyente,
como un maestro de maestros y como un pedagogo
comprometido con la defensa y el desarrollo
de la educación pública. No dudo
de su honestidad. Sé lo que pretenden
quienes quieren volverlo un neoherodes: enlodar
la mejor gestión que en años se
ha realizado. Si afirmar que lo único
que ha robado Abel es tiempo a sus nietas y
si defender su gestión me expone a perder
presencia en la vida política, lo asumo.
El Espectador, Bogotá,
14 de enero de 2009.