LA MISMA SEÑORA NOS DIO A BUSH Y A OBAMA

 

 

POR DANIEL SAMPER PIZANO

Se repite e insiste en estos días que la llegada al poder de Barack Hussein Obama es fruto de una democracia modelo. Yo pienso que es fruto de la literatura. Es más: de la mala literatura. La historia del nuevo presidente de Estados Unidos solo habría podido concebirla un novelista truculento, de desorbitada imaginación, sin sentido razonable de la realidad y posiblemente drogado.

Repásenla y verán: una muchacha blanca de Kansas se casa, ya embarazada, con un negro de Kenia; tienen un niño y le ponen el nombre del padre, de sabor musulmán; pronto se separan; ella consigue un nuevo marido -esta vez, indonesio- y se instalan en Yakarta; Obamita resulta mal estudiante pero buen deportista, así que la madre lo manda a Hawái con sus abuelos blancos y se divorcia de nuevo; acabado el bachillerato, el joven va a parar a Los Angeles, donde, entre otras novedades, adquiere vicios por boca y nariz y descubre su entorno social. De allí en adelante, se apasiona por el trabajo étnico, logra becas en excelentes universidades gringas, se vuelve el mejor alumno de Derecho de Harvard y trabaja en política hasta que un día el pueblo elige presidente a este inesperado personaje con familiares y afectos en el África, el Asia y Estados Unidos.


No es este el tipo de sorpresas que suele regalarnos la democracia, sino la literatura. Relatada a la carrera, la historia parece un bestseller, no una posibilidad veraz. Pero es real, y hay que disfrutarla, alegrarnos de ella y confiar en que el nuevo presidente estará a la altura de nuestras esperanzas y que sus enemigos -muchos y muy poderosos- no podrán convertir en frustración y fracaso lo que nace con tan alentadoras perspectivas.

Pero nada de esto significa que el histórico episodio constituya prueba de una democracia modelo. Soy demócrata convencido y admiro muchísimas cosas de la sociedad estadounidense, pero si nos maravillamos de que un negro llegue a gobernarla es porque esa misma democracia ha sido durante dos siglos una máquina de discriminación racial y entronización del lucro por encima de otros valores. A la señora democracia norteamericana debemos a Obama, pero también el inefable George W. Bush. La democracia que lo eligió y lo sostuvo -nepotista, corrupta, belicosa, violatoria de los derechos humanos e incapaz de controlar su propio sistema económico- es la misma que hoy nos brinda a Obama.
Trasladada a Alemania, fue ella la que hace 75 años -el 3 de agosto de 1934- eligió a Hitler todopoderoso canciller por 38 millones de votos libres contra 4 millones. Y es la que, en su versión colombiana, está forjando un régimen autoritario y oligárquico con controles cada vez más relajados, duración indefinida, corrupción asombrosa, degradación política y menosprecio legal.

De modo que conviene frenar nuestro entusiasmo. La democracia modelo no existe. Ni siquiera existe la democracia: solo remedos suyos. A aquella es preciso construirla cada día, ladrillo por ladrillo, limpiarla de impurezas, fortalecerla con la aplicación de la ley y la defensa de valores de convivencia, libertad e igualdad. Y la única manera de conseguirlo con coherencia es mediante procedimientos insobornablemente democráticos.

Quiera la democracia que la hermosa aventura de Barack Hussein Obama tenga final feliz y marque nuevos caminos.

ESQUIRLAS. 1) Parece increíble que algunos directivos del Teatro Nacional y el Festival Internacional de Teatro pretendan "clientelizar" la sucesión de la inolvidable Fanny Mikey. Ese puesto tiene un nombre evidente, como lo señalaron destacados actores y directores: Ana Marta de Pizarro, eterna mano derecha de Fanny y conocedora del difícil mundo de las tablas. 2) El secretario de Educación de Bogotá, Abel Rodríguez, ha sido motor de la revolución educativa de los últimos años en la capital. Nada más injusto que la conjura para tumbarlo, orquestada por no sé sabe quién desde no se sabe dónde.

El Tiempo, Bogotá, 21 de enero de 2009.

 
     
     
 

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